Factores Emocionales

El rol de los hermanos y hermanas

La Unidad de Crisis de Barcelona para el abordaje integral en trauma, crisis, estrés y conflictos de la Universidad Autónoma de Barcelona (2014) ofrece una guía de pautas para afrontar la enfermedad o ingreso hospitalario de un hermano con una enfermedad crónica.

Con el fin de reducir el estrés que se puede generar en los hermanos sanos de un hijo con enfermedad crónica, se debe tener en cuenta:

  1. La mejor forma de prevenir el estrés generado por la enfermedad de su hermano es ofreciendo información clara y adaptada al nivel de comprensión del hijo sano, hay que evitar los sesgos de información. El hijo sano suele preocuparse al ver a los padres alterados, tristes, llorando en conversaciones telefónicas y es probable que malinterprete los hechos. Al educar al hermano sano sobre la enfermedad del niño enfermo, se promueve la implicación del mismo y la cooperación, haciéndolo sentir importante y querido, los hijos sanos deben sentir la libertad de preguntar lo que deseen con relación a la enfermedad de su hermano y de expresar cómo se sienten sin temor a la crítica o a ser juzgados
  2. Teniendo en cuenta la mentalidad infantil se esperan unas reacciones, dudas y pensamientos normales frente a la enfermedad de un hermano, cómo: ¿Ya no me quieren? ¿Qué pasará si mi hermano (a) no se mejora nunca? “Toda la atención se la lleva él/ella” “Estoy cansado de él/ella”, también son esperables sentimientos de tristeza, de culpa (los hermanos sanos piensan que deberían ser ellos los enfermos), sentimientos de celos aislamiento (el hermano enfermo recibe más atención o regalos frecuentemente), conductas disruptivas (rabietas, mostrar agresividad con otros miembros de la familia, descenso del rendimiento académico) que suelen convertirse en el medio para obtener atención de parte de sus padres y con las cuales se debe tener cuidado, debido a que si los padres refuerzan estas conductas, el hijo sano comprenderá que es un mecanismo eficaz para lograr tener la atención deseada.
  3. Los padres deben saber que aunque la enfermedad de uno de los hijos es un evento que exige que toda la familia se ajuste y comprenda la situación, no significa que los otros hijos del núcleo no los extrañen. Se debe dedicar un tiempo estimado del día a los hijos sanos, con el fin de reducir la alteración de las rutinas de los mismos. De igual forma, preguntar si es de interés de ellos ir a visitar al hermano en caso de que se encuentre hospitalizado, también se recomienda, evitar nombrar constantemente al hijo enfermo, dando el espacio para que sean los hermanos los que toquen el tema, y no obligar a los otros hijos a hacer cosas por el hermano enfermo que no quieren, es importante dar la opción de hacerlo voluntariamente.
  4. Para algunos padres puede resultar difícil aceptar que sus otros hijos ayuden en la labor de cuidado del hijo enfermo cuando se encuentra en casa, porque tal vez consideran que nadie los puede cuidar mejor que ellos o que es muy probable que cometan errores. Sin embargo, aceptar la ayuda que los hermanos del niño ofrecen va a ser fundamental en el proceso de adaptación y en la repartición de tareas y responsabilidades del hogar. Para ello, es vital que los hermanos del niño sean entrenados en los cuidados básicos para los que usted considera que podría ser útil la ayuda y que están acorde a las capacidades de cada uno. De esta forma, son incluidos en las nuevas rutinas que se generan y se disminuye la sensación de exclusión. Pero, hay que tener cuidado con la cantidad de actividades que se asignan a los hermanos para evitar que asuman cargas que no deben y para los que no están preparados para que en un futuro no se sientan responsables de la enfermedad ni de la evolución de su hermano.

El proceso de adaptación de los hermanos se logra creando un clima de confianza y comunicación entre cada uno de los miembros de la familia.

Referencias