Factores Emocionales

¿Cómo concibo la enfermedad de mi hijo? La aparición de la culpa

La aparición de una enfermedad en un hijo o una hijas será siempre una noticia inesperada y traumática de recibir, así se tenga en un principio la sospecha de que algo no anda bien en la salud del niño o niña, pues es normal que los padres no se planteen la posibilidad de la aparición de una enfermedad crónica. La reacción de los miembros de la familia, en especial de los padres, va a depender de la experiencia previa en el manejo de enfermedades, el sistema de creencias, el estilo de afrontamiento y las redes de apoyo con que cuenta.

Al recibir la confirmación del diagnóstico, en los procesos de re-hospitalización y en la evolución de la enfermedad, se presentan una serie de emociones y reacciones a la vez contradictorias, pero normales frente a la situación, como los sentimientos de dolor, angustia, rabia, alegría, impotencia, miedo, desesperanza o resignación y culpabilidad, surgen preguntas como ¿Tendrá algo que ver mi conducta o estado de ánimo durante el embarazo? ¿Habré hecho algo mal? ¿En qué me abre equivocado? Es común que los padres se sientan responsables de la enfermedad de su hijo y cuestionen su capacidad para protegerlo, sin embargo cuando estas ideas se mantienen más de lo que deberían y los sentimientos se vuelven más intensos y prevalentes en el tiempo la cuestión se vuelve problemática (Calandín, 2017).

Es importante que los padres y/o cuidadores de un hijo con una enfermedad crónica se permitan sentir y expresar todos los sentimientos que surjan, de la manera en cómo se sientan cómodos, en ocasiones preferirán estar solos y tener un diálogo interno o buscar una persona externa que esté dispuesta a escucharlos, libre de críticas y juzgamientos. Deben recordar que los sentimientos reprimidos son “una olla de presión” que puede estallar en cualquier momento, además de que ocultar los sentimientos requiere un gran consumo de energía, que podría ser utilizada en la búsqueda de alternativas para hacer frente a la enfermedad (Calandín, 2017).

Así mismo, se recomienda tener claro que la enfermedad no es culpa de nadie, son fenómenos que suceden y punto, hacen parte de la condición de ser humanos, es cierto que hay factores que favorecen la aparición de determinadas patologías, pero no hay ecuaciones para determinarlo, solo existen las probabilidades, por eso con mucha frecuencia la interpretación que los padres y/o cuidadores dan de la enfermedad los lleva a sentirse culpables, porque tienen la necesidad de buscar relaciones de causa-efecto y aparecen los ¿Y si hubiera hecho…? ¿Y si…? dejando a un lado las pruebas objetivas que les demuestran que no tenían ningún control en la situación y la clave está en que los padres y/o cuidadores detengan la búsqueda de repuestas en ellos mismos, en que se perdonen y acepten que hay cosas que se salen de las manos y del control del ser humano, lo pueden logar mediante el fomento de pensamientos positivos y un afrontamiento activo que les permita aprender de la experiencia y asumir la situación de la manera más saludable evitando vivir en un tormento de ideas toda la vida (Calandín, 2017).

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